IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



¿CUÁL SALUD PÚBLICA?


P. Efraín Aldana S.J.


11 de abril de 2007

 


A los pocos días de haberse anunciado a todo el país que la atención en salud había subido significativamente en cobertura, tuvimos entre manos un caso supremamente deplorable en las faldas de la Popa, de Cartagena. Eran las 10 de la mañana del día miércoles 21 de marzo del presente año, cuando la Sra. Maria Téllez tenía que bajar a toda prisa desde  el barrio  de Lomafresca hasta el C.A.P. (Centro de Atención Permanente) ubicado en el barrio de Canapote. Su nieto, Rodolfo Bonilla Lago, niño de año y medio de edad, había sufrido un ataque de lombrices y se encontraba en muy mal estado. La doctora, después de ponerle un suero lo mandó para su casa. Al amanecer del jueves, su tía Neris se alarmó mucho pues lo encontró morado y corrieron de nuevo hacia el C.A.P de Canapote. Allí recibieron el diagnóstico  fatal: El niño había muerto por paro cardiaco.

Así recibió la familia el certificado de defunción. Ya en su humilde casa en la calle Santa Fe, del barrio de Lomafresca, colocaron a Rodolfo en una mesa de tabla. Solo faltaban las velas para preparar el funeral. De pronto, su bisabuela Felipa, quien aprendió a leer con la Biblia, anotó: “Este niño, con esos ojos tan brillantes, no puede estar muerto”. Enseguida  empezaron a frotarlo con creolina y a darle una toma de melaza. Tan pronto el pequeño Rodolfo pasó ese trago, comprobaron que seguía vivo. De inmediato bajaron  hacia la clínica Vargas. En la sala de urgencias los médicos encontraron que  el niño vivía, pero en condiciones muy delicadas. Procedieron a suministrarle oxigeno y otros cuidados intensivos. Sólo 8 horas más tarde vino a fallecer. Eran las 7 de la noche.

Tenemos el caso de una perdida lamentable.  La familia sigue esperando el resultado de medicina legal, sea cual fuere la causa de la defunción, necesitamos encontrar los responsables de este caso.

En medio del desespero, la angustia e impotencia, los familiares del niño Rodolfo emplearon la medicina casera y la oración. Es la única salida que mantienen miles de familias, habitantes de las faldas de la Popa. Allá no existe un solo Centro de Salud. El hambre, la desnutrición, la falta de un  medio ambiente sano, el abandono, son el pan de cada día para estos hermanos nuestros.

¿Seguiremos impávidos ante la continuación de casos semejantes? ¿Qué medidas se adoptarán por parte del DADIS para poner freno a esta indefensión en que viven tantas familias pobres cartageneras? ¿Quién podrá reparar la vida del niño Rodolfo? La familia no quiere dinero sino justicia. La misma atención en los centros de salud es supremamente deficiente, improvisada por no decir irresponsable.

La dignidad de la vida, especialmente de los niños y niñas, esta siendo pisoteada en los barrios populares. La Salud Publica esta por el suelo. La vida del pobre vale menos que unos zapatos viejos.

Hace poco Cartagena se consideraba peligrosa por su inseguridad. Creemos que el mayor peligro está en la ausencia de protección para los más indefensos de esta querida ciudad.

La muerte de Rodolfo que pudo fácilmente ser evitada, es un campanazo ya tan repicado, que nos debe llamar a buscar canales de solución para que los niños y niñas pobres puedan vivir dignamente, para que el futuro no siga siendo un infierno para tantos indefensos, para que las políticas de salud de verdad lleguen a quienes más lo necesitan.

efraldana@yahoo.com

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