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La enfermedad es un desajuste energético, que puede ser producido por
deficiencias orgánicas, ambientales, mentales, alimenticias o
espirituales. En la sabiduría china se considera que nos enfermamos por
tres razones: por lo que pensamos, por lo que comemos y por lo que
heredamos. Podríamos agregar que también influye lo que sentimos, si
bien guarda relación con la dimensión mental y espiritual. El ambiente
va a influir mucho en lo que le pase a nuestro cuerpo, mediante la
respiración, la transpiración, el alimento y en lo que pensamos y
sentimos.
La salud se constituye en un sistema articulado, que debe ser atendido
en todas sus líneas de influencia. Tiene que ver con el crecimiento
integral de la persona; con lo que hace, lo que recibe, lo que va
entregando y transformando.
La salud ha de ser participativa, creativa, comunitaria. Su centro
vital va más allá de la persona, interactuando con la comunidad. Es un
don y no una mercancía, que pueda comprarse o venderse. Pueda que lo
toquen las leyes del mercado, pero nunca debe dejarse controlar por él.
Por ser un don, necesita de la paciencia, del cuidado continuo, como si
fuera una plantica. De aquí se deriva la prevención.
En todo proceso de una buena salud es importante el amor a si mismo y a
los demás. Es conveniente mantener la alegría, el optimismo y la
esperanza. Ha de tener en cuenta el cuidado personal y la sensibilidad
amorosa con los demás. Hay que saber perdonarse o aceptarse a sí mismo y
a los demás. Hay que establecer relaciones gratas, afables y sinceras.
También procurar sanar las heridas de relaciones pasadas.
Es importante, en todo proceso de sanación, cultivar la fe. Esta es un
sentimiento constante de amor y confianza en Dios. A la vez la fe tiene
una implicación comunitaria. Recordemos que el Evangelio alabó la fe de
los que se atrevieron a romper las tejas y bajar al paralítico ante el
Señor para que fuera sanado. La oración por la salud de otros tiene más
fuerza ante Dios que la que se hace personalmente. No hace muchos años
en un Hospital del Sur de los Estados Unidos, el MIT realizó una
importante investigación. Colocaron en un solo pasadizo a los enfermos
que recibían visitas, acompañamiento de familiares y amigos o recibían
oraciones y a los que dejaban solos los dejaron aparte. Los primeros
consumían menos drogas, sufrían menos dolores, estaban más serenos y
morían menos.
La enfermedad se puede convertir en una gran oportunidad de
transformación, de crecimiento interior, de cambiar la visión del mundo
y de la vida. Tenemos el caso del Doctor Santiago Rojas, quien estuvo
afectado por un cáncer. Durante su enfermedad inició la utilización de
las flores de Bach. Salió delante de ese mal y pudo escribirle una carta
terminado todo el proceso de sanación. En resumen expresaba: Gracias
Cáncer porque me hiciste más humilde, porque pude comprenderme más y
comprender mejor a los demás. Gracias porque me hiciste más
misericordioso, porque aprendí la paciencia, la tolerancia y descubrí
mucha riqueza interior que no me conocía. Gracias por que con lo que
aprendí pude ayudar a los demás. Y en fin, como ya no te necesito,
cáncer, hasta siempre.
Una buena salud además de ser un regalo que hay que agradecer cada día,
hay que agradecerlo en el silencio de la oración, hay que cantarlo con
alegría en la fiesta de la vida. Además, el cuerpo humano es toda una
condensación de energía que debe mantenerse en armonía con la buena
respiración, la relajación para evitar las tensiones y mantener buen
contacto con la naturaleza
efraldana@yahoo.com
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