IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

SEMANA POR LA PAZ

P. Efraín Aldana S.J.

4 de septiembre de 2006

 


Del 3 al 10 de Septiembre celebramos la Semana por la Paz. Esta vez tiene el lema de: Justicia Social y Reconciliación. Ya sabemos hasta donde ha caído en nuestro país la Justicia Social. Vivimos en una tierra empobrecida, a pesar de tener tanta riqueza física y humana. Amartya Sen, premio Nóbel de economía, definía la pobreza como limitación en la libertad de acción, por el recorte en el desarrollo de las habilidades. En una palabra por la ausencia de oportunidades. Ni qué decir sobre la  vivienda, con un déficit de casi 2 millones de unidades, y del estado deplorable de la salud, con el llamado “paseo de la muerte”.  Para no seguir llenándonos de pesimismos sólo daremos el dato de que $ 3 billones de pesos colombianos se quedan anualmente en manos de los corruptos. El narcotráfico ha calado en los corazones codiciosos y sumado a la falta de respeto por la dignidad de la vida ha sembrado el horror de la violencia.

Esta violencia es un fenómeno muy complejo, causada por la ausencia del Estado, la discriminación, factores ambientales y étnicos, la corrupción y aún aspectos psicológicos, pero principalmente por esta  injusticia social. Además, cuando ella ha dejado heridas en el corazón de las personas por las muertes, las desapariciones, los secuestros y las torturas, es importante trabajarle a la “reconciliación”. Ella constituye una nueva relación donde puedan articularse la verdad y la misericordia, la justicia y la reparación.

Esta “reconciliación” no representa un mero abrazo de “perdón y olvido”. Se busca una forma distinta de perdón, bajo una forma distinta de recordar, no como olvido sino como construcción del futuro. Tenemos el caso de lo que sucedió en Argentina tras la amnistía concedida a quienes habían cometido atrocidades durante la dictadura militar. Por ejemplo, una de las madres de la Plaza de Mayo decía: “Nosotras perdonamos, pero digamos a quién para poderlo perdonar. Yo quiero saber quién mato a mi hijo para poderlo perdonar, porque no puedo perdonar en abstracto, quiero saber a quien estoy perdonando”.

Impresiona el comportamiento de Nelson Mandela, quien estuvo 27 años en prisión, 8 totalmente solo e incomunicado en una isla. Sus palabras nunca reflejan odio, resentimiento, ni venganza. Acciones como estas exaltan la dignidad del hombre y suscitan la solidaridad.

Es importante desarmar las palabras, que envenenan el alma y se requiere que no se olvide, para que resplandezca la verdad, la justicia y se conceda un aprendizaje para no volver a cometer los mismos errores. En Sudáfrica, en varias audiencias publicas, se recogían los testimonios vivos de quienes se consideraban culpables y allí mismo estaban presente las victimas, los abogados y los mediadores internacionales.

El perdón es así: dinámica invisible pero real que sólo mira al pasado para aprender de las heridas sufridas o de las que infringimos a los otros, acepta el hoy pero no de una manera pasiva sino mirando solidaria y confiadamente al futuro, iluminado siempre por la dignidad de la vida.

Esta pequeña reflexión puede ayudar a  entender los errores cometidos por el decreto de “Justicia y Paz”. En este proceso la víctima no es interlocutora legítima: no puede tener  acceso directo a la clarificación de los hechos. En el caso de Sudáfrica eran las víctimas y no el Estado quienes conferían el perdón. En Argentina, como explicamos, los familiares de las víctimas solicitaban conocer el rostro de los victimarios para saber a quién perdonar. En Colombia muchos están interesados en evitar la extradición. Otros retornan clandestinamente a las armas. A la vez, el tiempo de acopio de pruebas es demasiado corto y en la “reparación”  la restitución de tierras a las víctimas y la incautación de bienes a los victimarios ha sido inoperante.

efraldana@yahoo.com

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