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En una carpintería hubo
una extraña asamblea. El martillo ejerció la presidencia, pero la
asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡hacia
demasiado ruido! Y además, se pasaba todo el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su
culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que
había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el
ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de
la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía
fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo, a condición que
fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás
según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entro el
carpintero, se puso el delantal e inicio su trabajo. Utilizó el
martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera
inicial se convirtió en un lindo juego de ajedrez. Cuando la carpintería
quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces
cuando tomó la palabra el serrucho y dijo: “señores ha quedado
demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras
cualidades. Eso es lo que nos hace valioso. Así que no pensemos ya en
nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos
buenos”.
La asamblea encontró
que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era
especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era
preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir y
hacer cosas de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de
trabajar juntos.
Todos tenemos nuestras
fortalezas y debilidades. Lo importante es sabernos complementar para
que nuestros vacíos y deficiencias se superen y aprendamos a la vez a
valorar lo bueno que tienen los demás. Cada ser humano tiene su
carisma. La primera carta de San Pablo a los Corintios nos descubre la
importancia de saber aprovechar los carismas de cada uno para la
construcción de un solo cuerpo.
Lo anterior es clave
para el trabajo en equipo, para realizar alianzas y para establecer los
macroproyectos. No existe un ser humano que se las sepa toda. Los
superhombres no existen y quien se cree así tarde o temprano “pela el
cobre”.
Los grandes problemas
nacionales: el hambre, la salud, la vivienda, la corrupción y la
violencia sólo lograrán conseguir soluciones concretas si llegan a
interactuar los expertos, las instituciones, los asesores de distintas
disciplinas y la misma participación del pueblo. Por ejemplo, al
problema del Hábitat no sólo se le encontrará soluciones en términos
urbanísticos o arquitectónicos, sino que deben intervenir también los
investigadores sociales y políticos, los ambientalistas, los ingenieros
de suelos y de hidráulica, los economistas y los afectados.
Todos somos importantes
en la vida e irrepetibles. Las grandes empresas de la historia fueron
jalonadas no por un solo hombre sino por un equipo. Recordemos la
implementación del cristianismo en el mundo que contó con los compañeros
de Jesús.
El ser humano es una
síntesis de energía que busca organizarse para poder crecer, sabiendo
que solo comunitariamente lo podrá lograr. Los demás están aquí en la
tierra para alentarnos, darnos la mano e interactuar en la construcción
del futuro.
Hoy están de moda las
redes, las alianzas, los frentes de trabajo que nos revelan que no
estamos solos en el mundo y que solo uniendo esfuerzos podremos
construir un mundo nuevo.
efraldana@yahoo.com
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