IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

UNIDOS PARA CRECER

P. Efraín Aldana S.J.

1 de Noviembre de 2006

 


En una carpintería hubo una extraña asamblea. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡hacia demasiado ruido! Y además, se pasaba todo el tiempo golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo, a condición que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.

En eso entro el carpintero, se puso el delantal e inicio su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo juego de ajedrez. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho y dijo: “señores ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valioso. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos”.

La asamblea encontró que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir y hacer cosas de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.

Todos tenemos nuestras fortalezas y debilidades. Lo importante es sabernos complementar para que nuestros vacíos y deficiencias se superen y aprendamos a la vez a valorar lo bueno que tienen los demás. Cada ser humano tiene su carisma.  La primera carta de San Pablo a los Corintios nos descubre la importancia de saber aprovechar los carismas de cada uno para la construcción de un solo cuerpo.

Lo anterior es clave para el trabajo en equipo, para realizar alianzas y para establecer los macroproyectos. No existe un ser humano que se las sepa toda. Los superhombres no existen y quien se cree así tarde o temprano “pela el cobre”.

Los grandes problemas nacionales: el hambre, la salud, la vivienda,  la corrupción y la violencia sólo lograrán conseguir soluciones concretas si llegan a interactuar los expertos, las instituciones, los asesores de distintas disciplinas y la misma participación del pueblo. Por ejemplo, al problema del Hábitat no sólo se le encontrará soluciones en términos urbanísticos o arquitectónicos, sino que deben intervenir también los investigadores sociales y políticos, los ambientalistas, los ingenieros de suelos y de hidráulica, los economistas y los afectados.

Todos somos importantes en la vida e irrepetibles. Las grandes empresas de la historia fueron jalonadas no por un solo hombre sino por un equipo. Recordemos la implementación del cristianismo en el mundo que contó con los compañeros de Jesús.

El ser humano es una síntesis de energía que busca organizarse para poder crecer, sabiendo que solo comunitariamente lo podrá lograr. Los demás están aquí en la tierra para alentarnos, darnos la mano e interactuar en la construcción del futuro.

Hoy están de moda las redes, las alianzas, los frentes de trabajo que nos revelan que no estamos solos en el mundo y que solo uniendo esfuerzos podremos construir un mundo nuevo.

efraldana@yahoo.com

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