IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



UNIVERSALIDAD AFROCOLOMBIANA

P. Efraín Aldana S.J.


27 de mayo de 2008

 

Celebrar desde Madrid la fiesta de la Afrocolombianidad es sentir en la distancia la pertenencia a una historia lacerada por tantos dolores en la carne y en el alma. Esta memoria es a la vez grandiosa en su resistencia, en la búsqueda ardiente de libertad. Es la historia de un pueblo siempre alegre a pesar de tantas ignominias que ha sufrido. Sensible, solidario, nunca rencoroso. Pueblo invencible y  transparente.

Ayer, mientras contemplaba en Madrid la plaza de España donde está ubicada la estatua del Quijote y Sancho Panza, recordaba que en Colombia no existe ningún espacio público que lleve el nombre de Colombia. En cambio, sí tenemos en nuestra patria varias plazas con el nombre de España. Qué lástima, pero de verdad, todavía no hemos reconocido nuestra historia. Mucho menos nuestro sabor africano y caribeño. A los herederos de esta olvidada estirpe es justo y necesario que se les brinde una segunda oportunidad.

Ahora que celebramos 157 años de una declaración jurídica de la liberación de los esclavos, todavía las “negritudes” siguen sin libertad económica, social y política. En esta semana de la afrocolombianidad se ha salido a las calles y se ha debatido en foros, seminarios y talleres la urgencia de la exigibilidad de los derechos sociales, económicos y políticos de los afrodescendientes colombianos. Este grito de resistencia y de denuncia está resonando en el mundo. Acá también, en estas tierras del “viejo mundo”  la segregación étnica es fuerte y asfixiante. La gran mayoría de los migrantes son afrodescendientes. A duras penas sobreviven. Los africanos que llegan a España son repetidas veces detenidos en cárceles. Así cumplen con la ley que sólo les permite tres meses de prisión. De los 25 millones de inmigrantes en toda Europa, 4,5 millones corresponden a España. La celebración en la nación colombiana se torna en una lucha universal por la dignidad de la vida. Esta rompe las fronteras del color de la piel, de la ideología, de la religión y del mismo territorio,

El respeto por la vida y sus derechos es ancestral. Está fundado en la dignidad de la persona humana, inviolable y sagrada. Desde este otro continente he podido unirme a la “Kandanga Afrocaribeña”, que se ha realizado en Cartagena Colombia. El tema de toda esta semana ha sido “La Cultura también es territorio”. La cultura, como cultivo de la vida, no solo es expresada en las tradiciones, costumbres, religiosidad, lengua o la música, sino que es también el derecho a disfrutar de un territorio. Desafortunadamente este derecho, adquirido ancestralmente sobre islas, playas, territorios rurales y urbanos, no se ha respetado.

La riqueza cultural afrocaribe comienza a descubrirse en toda su grandeza. Es necesario hacer crecer esta autoestima, fuente de convivencia y desarrollo. Una de las causas de la violencia infernal que devora a Colombia está ligada a la ausencia de identidad, de amor por lo nuestro, por el no reconocimiento del valor de la persona humana. Esto lo hemos visto palpablemente en la guerra de pandillas urbanas. A los pandilleros no se les ha dejado algo propio y digno de sus vidas. Por eso defienden su territorio hasta la muerte.

Esta fiesta de la Afrocolombianidad se convierte en una fiesta por la dignidad de la vida, no sólo de esta etnia sino de la colombianidad y  de toda la humanidad más vulnerada y discriminada. La “fiesta” no solo es para Colombia. Una cultura de  paz no puede tener fronteras. Es un esfuerzo sostenible por defender la vida por encima de todos los poderes, de todos los intereses excluyentes e inhumanos.

efraldana@yahoo.com

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