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El Gobierno le dió
todas las garantías a la familia de Mancuso para que pudiera salir del
país, pero no pudo darle el mínimo de seguridad a Yolanda Izquierdo y su
familia, aduciendo que existían trabas burocráticas. Los políticos
acusados de contacto con los paramilitares y el narcotráfico resultan
ser amigos de nuestro Presidente. Y a las víctimas se les estigmatiza
por ser “aliadas” de la guerrilla o líderes campesinas, defensoras de
desplazados o líderes populares que se habían dedicado a organizar a los
obreros y a las comunidades populares, en la defensa de sus derechos.
En la discusión
acalorada entre el Presidente de la República y la dirigencia del Polo
Democrático encontramos que Gustavo Petro nunca ha disparado un fusil ni
ha mandado matar a nadie. Cuando el M-19 se tomaba el Palacio de
Justicia, él estaba detenido en el Cantón Norte. Y el venerable y
siempre calmado Carlos Gaviria, exmagistrado de la Corte Suprema de
Justicia, nunca ha tenido nexos con la Guerrilla. No queremos hacer
exaltaciones partidistas, pues no militamos en ningún partido, solo
queremos defender la verdad.
En la pasada reunión de
Colombia-Europa, celebrada en Cartagena, del 2 al 3 de Febrero, los
delegados de la G-24: embajadores, director y funcionarios de la ACNUR,
de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, de otras agencias
internacionales colaboradoras con el desarrollo del país y defensores de
los derechos humanos y del DIH, anotaban que estábamos viviendo un
momento histórico y necesitábamos saber aprovechar esta oportunidad.
Nuestra “democracia”, tan lesionada, comenzaría a ser restablecida. Las
coordenadas del nido de víboras que ha envenenado al país, han comenzado
a ser localizadas.
El Gobierno intenta
darle ahora un sentido laxo y ambiguo al término “paramilitar”. Pero los
observadores internacionales del Evento mencionado, entre ellos: Human
Rights Watch, los denominaba “carniceros”. Muchos entrenados por
expertos norteamericanos, son diestros en el aniquilamiento de la vida
humana. Llevamos una historia cargada de abusos del poder, de opresión a
los campesinos vulnerables, a los obreros y a los pobladores urbanos
apiñados en tugurios y en columpios de muerte.
Estamos en el llamado
“año de los desplazados”, sabemos que estos desarraigados de sus tierras
por culpa de la violencia, no han recibido la atención que reclama su
estado de indefensión y su propia dignidad humana. Primero que todo
siguen siendo ciudadanos colombianos y no son limosneros. Los grandes
recursos se están dirigiendo a los que se acogen a la ley de “justicia y
paz”. Como dato curioso de los 42.057, aparentemente desmovilizados,
solamente 2.695 serán procesados bajo la Ley, el resto ( 93%) han sido
liberados sin ser investigados o juzgados, bajo el pretexto de no tener
procesos penales en su contra, aunque hayan cometido graves violaciones
y crímenes de lesa humanidad.
Engaños y más engaños a
los humildes campesinos y por último el despojo de sus tierras han
incrementado los desplazados a la ciudad, donde llegan llenos de espanto
y confusión. Esas tierras, antes alegres, llenas de cultivos, hoy
aparecen colmadas de ganado, sin un rancho, sin un ser humano viviente.
El Gobierno Nacional no
ha tenido una política clara sobre la Reparación de víctimas que han de
pasar por el resplandor de la Verdad. Desafortunadamente su mejor
defensa es tratar de enjuiciar a otros, ya sean expresidentes o
destacados militantes de los partidos de la oposición
efraldana@yahoo.com
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