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La fiesta de la Candelaria resume nuestra historia
religiosa, cultural y social. La vela que lleva en sus manos nos
recuerda las noches de Cumbiamba y Mapalé. En su celebración nació la
coreografía de la Cumbia, con su rito de las espermas encendidas y el
ritmo terreno y celestial, que evoca una oración trascendente y
encarnada. Las cabalgatas, los fritos, las cañas, las corridas de toros,
la muchedumbre que sube y algunas familias que pasaban la noche de las
novenas en hospederías, en la cima de la Popa representan el sentido
religioso y popular. Se montaban los salones de baile de “las blancas de
castilla”, de los “pardos”, y de “costureras y modistas”, el cual era el
más codiciado y el “fandango”, al aire libre para los negros y mulatos.
Hoy las cosas no han cambiado, pues sigue la segregación social y
racial.
Recuerdo mis días de la niñez subiendo y bajando por
los caminos tramposos. En la actualidad están vetados. Es como un signo
de un país que tiene muchos espacios prohibidos para el tráfico normal.
Los cartageneros entronizamos a nuestra patrona
encima de un cerro que tiene la forma de un barco sumergido, con la popa
levantada, como signo de que la luz de nuestra Virgen nos ilumina y
levanta de todos nuestros naufragios. En tiempos coloniales, cuando las
embarcaciones en alta mar divisaban “la blanca casona de la galera”,
suspiraban , llenos de confianza de poder llegar a tierra firme. Soy
testigo de tantas noches sombrías, en las cuales la Candelaria me ha
iluminado, devolviéndome la energía y la .alegría de la vida.
Quizás es una Virgen cómplice de nuestras parrandas y
fandangos, pero a la vez justiciera. Es testigo de tantos dolores,
soledades, angustias y penas de sus hijos, pero sabe señalar con su luz
las tinieblas de la corrupción de esta tierra, de su inequidad, su
discriminación y del olvido en que viven los más vulnerables. Los
derrumbes en las faldas de la Popa, con tantas casas destruidas,
muertos, varios heridos miles de personas en alberges, destaparon a la
luz pública que existe un déficit de vivienda de casi 100.000 unidades,
que en el Cerro de la Popa no existe un solo Centro de Salud, que el
alcantarillado es insuficiente, que la recolección de basura no funciona
totalmente, que cada año mueren violentamente 75 jóvenes, que crecen las
pandillas y que avanzan vertiginosamente la prostitución infantil.
Estas fiestas de la Candelaria coinciden con la
Purificación o Presentación del Niño Jesús en el Templo. Cuando los
Agustinos Recoletos trajeron su devoción desde el desierto de la
Candelaria, Boyacá, ya tenía su tradición precolombina en las Islas
Canarias. La Cueva de San Blas, da cuenta de su manifestación en aquella
ciudad hermana de La Laguna en las Islas Canarias. Aquí en Cartagena
Fray Alonso García de la Cruz Paredes, buscando una imagen de la
Candelaria, encontró que desde un balcón de la calle de la Damas, una
señora le decía que volviera al día siguiente. En efecto cuando Fray
Alonso volvió, encontró la casa abandonada y la imagen de la Virgen, que
fue llevada por El a su convento en el cerro de la Popa .
Hoy virgencita, madre de luz y esperanza, protectora
de los más pobres y necesitados te pedimos que se haga respetar la
dignidad de la vida humana, que los jóvenes aumenten su autoestima, que
las urgencias sociales físicas y culturales sean atendidas. Nuestro
Cerro Emblemático seguirá protegido por está patrona alegre y
justiciera.-
efraldana@yahoo.com
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