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LOS JESUITAS Y EL APOSTOLADO DE LA EDUCACIÓN
Carlos Vásquez Posada S.J.
Pronto aparecieron claros los resultados que podrían obtenerse
de la educación de la juventud, y no pasó mucho tiempo sin que
los jesuitas se dedicasen a este trabajo. Un Colegio había sido
fundado en Gandía, España, para la educación de los que se
disponían a entrar en la Compañía de Jesús; en 1546 comenzaron a
admitirse otros jóvenes de la ciudad, ante la insistente
petición de sus padres. El primer Colegio de la Compañía, en el
sentido de una institución primariamente destinada a seglares,
fue fundado en Messina, Italia, en 1548.
Cuando
los primeros jesuitas vieron claro que la educación era, no solamente un
medio apto para el desarrollo humano y espiritual, sino también un
instrumento eficaz para la defensa de la fe atacada por los Reformados, el
número de Colegios de la Compañía comenzó a crecer muy rápidamente.
Ignacio
de Loyola, entre tanto, se quedó en Roma y dedicó los últimos años de su
vida a escribir las
Constituciones
de la
nueva Orden Religiosa. Inspiradas por el mismo espíritu de los
Ejercicios Espirituales,
las
Constituciones
manifiestan la capacidad Ignaciana para compaginar los fines más idealistas
con los medios más concretos y realistas para alcanzarlos. La obra, dividida
en diez “Partes”, es un Manual de formación para la vida dc la Compañía. La
parte IV está dedicada a expresar la concepción educativa del Fundador.
Puede
decirse que el papel del Fundador en la elaboración del Código Educativo de
la nueva Orden Religiosa fue cuádruple: esbozó los principios básicos y
nombró a competentes administradores y a sobresalientes maestros para
aplicarlos y elaborarlos; aprobó no solo la obra de educar a la juventud,
sino se dedicó de todo corazón a propagarla; mostró un solícito interés por
el éxito de cada Colegio; promovió el desarrollo de los profesores y
estableció en las Constituciones una clara política educativa con sus
principales características.
En su
correspondencia, Ignacio prometió un desarrollo ulterior dc los principios
básicos que habrían de regir a todos los Colegios. Pero insistía en que no
podría elaborar estas Reglas para todos hasta que pudiera deducirlas a
partir de la experiencia concreta de quienes estaban de hecho empeñados en
la labor educativa. Su muerte, acaecida el 31 de Julio de 1556, impidió la
realización de esta promesa.
Los
Superiores Generales posteriores promovieron un período de intenso
intercambio entre todos los Colegios. Finalmente, en 1599, se publicó el
texto oficial de un Documento único llamado Ratio Studiorum o
Plan de Estudios de los Colegios Jesuitas. La Ratio
es un
Manual para ayuda de los profesores y directivos en la marcha diaria del
Colegio y está inspirado en la espiritualidad subyacente a los Ejercicios
Espirituales
y a los
principios Educativos plasmados en las
Constituciones.
Contiene una serie de “Reglas” o directrices prácticas que se refieren a
temas como el gobierno general del Colegio, formación y distribución de
profesores, los programas, los métodos de enseñanza. Es una selección de los
mejores métodos educativos y más eficaces de aquel tiempo, experimentados y
adaptados a los fines dc los Colegios de la Compañía.
La
clave de la Ratio fue introducir el estudio de las humanidades.
El P. Juan Alfonso de Polanco, secretario personal de San Ignacio,
expresó en una carta a Laynes en 1547, que el estudio de las humanidades
“ayuda a la comprensión de la Escritura, es una propedéutica tradicional
para la filosofía, ofrece una introducción pedagógicamente sana a otros
temas, capacita a una persona para expresar mejor sus pensamientos, fomenta
la pericia en la comunicación que exigen los ministerios de los jesuitas, y
desarrolla la facilidad para diferentes idiomas que pide el carácter
internacional de la Compañía”.
El
proceso de redacción y publicación de la
Ratio
produjo
un “Sistema” de Colegios cuya fuerza radicaba en el espíritu común, en los
principios pedagógicos comunes basados en la experiencia y adaptados a un
contexto específico. Fue de hecho el primer sistema educativo de este tipo
que el mundo había conocido.
En el Nuevo Reino hasta 1773, año
de la extinción de la Compañía de Jesús, se establecieron Colegios en
Cartagena (1604), en Santafé dc Bogotá cl Colegio Mayor dc San Bartolomé
(1605) que perdura hasta la fecha, Tunja (1613), Honda (1620), la
Universidad Javeriana (1623), Pamplona (1624), Popayán (1640), Mompós
(1643), Pasto (1643). Hubo posteriormente nuevas fundaciones: un nuevo
Colegio en Pasto (1712), en Santafé de Antioquia (1727) y en Buga (1745).
Con la
Extinción de la Compañía de Jesús la obra educativa de los jesuitas en el
Nuevo Reino de Granada (1767) y en el mundo entero se desplomó. Por la Bula
Pontifica de extinción fue prácticamente destruida una red dc 845
instituciones educativas extendidas por toda Europa, las Américas, Asia y
Africa. Sólo unos pocos Colegios de jesuitas quedaron en territorio Ruso,
donde la supresión nunca llegó a tener efecto y después fueron la semilla de
la renovada Compañía de Jesús.
Con la
restauración de la Orden en 1814 no pudo nunca volverse a la unidad
educativa que proporcionaba la
Ratio
Studiorum
a pesar
de varios intentos El siglo XIX se había precipitado en cambios rápidos
marcados por revoluciones y frecuentes expulsiones de los jesuitas en varios
países. A pesar de todo, los Colegios dc la Compañía dc Jesús empezaron de
nuevo a florecer en especial en América, la India y el Asia Oriental.
Ya en
pleno siglo XX, el nuevo contexto del mundo caracterizado por un giro de
época profundo, la globalización, el avance en las Ciencias de la Educación
y la centenaria experiencia de los Colegios y Universidades Jesuitas,
hicieron posible, bajo la dirección del Padre Pedro Arrupe S.J., General de
la Compañía de Jesús en 1980, el retornar la inspiración de los Ejercicios
Espirituales, volver a las fuentes ignacianas de las Constituciones y a la
experiencia recogida en cuatro siglos de historia educativa fecunda. De esta
manera, en 1986, se publicaron las “Características de la Educación de
la Compañía de Jesús” que recoge la inspiración y los principios que
orientan y dirigen hoy al sistema educativo ignaciano en todo el mundo.
Posteriormente, en 1993, se publicó la
“Pedagogía Ignaciana, un
planteamiento práctico” que pretende llevar al aula de clase esa
inspiración y principios educativos ignacianos. Como una nueva Ratio
Studiorum, estos
Documentos Corporativos,
han
empezado a ser fuente de inspiración y de renovación ante los desafíos que
plantea el tercer milenio a la obra educativa de los jesuitas en el mundo
actual.
Las
Universidades Jesuitas de América Latina han concretado el Documento
Corporativo de las “Características de la Educación dc la Compañía dc Jesús”
a su propio contexto dc educación superior con el documento “Desafíos
de América Latina y Propuestas Educativas”, (AUSJAL,
1995).
Hoy en
día los Jesuitas dirigen en Colombia la Universidad Javeriana con
aproximadamente 29.000 alumnos/as (en sus sedes de Santafé de Bogotá y
Santiago de Cali), 9 Colegios de primaria y secundaria que acogen alrededor
de doce mil alumnos/as (San José e Instituto San José en Barranquilla, San
Pedro Claver en Bucaramanga, Mayor de San Bartolomé y San Bartolomé La
Merced en Santafé de Bogotá, San Luis Gonzaga en Manizales, San Ignacio en
Medellín, San Juan Berchmans en Santiago de Cali, San Francisco Javier en
San Juan de Pasto) y dos Colegios de la Fundación de Servicio Social Carlos
González (Santa Luisa de Marillac y Santa Catalina Labouré en Santafé de
Bogotá); además, los jesuitas ayudan en la Dirección Nacional del Movimiento
de Educación Popular Integral “Fe y Alegría” que cubre unos 120.000
alumnos/as, y en otras obras de educación no-formal.
De las
“Características de la Educación de la Compañía de Jesús”
y del
documento “Pedagogía Ignaciana, un planteamiento práctico
“,
surgen los elementos claves para la elaboración de una Propuesta Educativa
Ignaciana. Es oportuno recordar que las “Características dc la Educación de
la Compañía dc Jesús” son la Visión Ignaciana aplicada a la Educación (Caract.
Educ. CE., 14, 15, 65 y 168). Una Propuesta Educativa posee cuatro elementos constitutivos que validan la amplitud y profundidad
de
una
Teoría
Educativa:
la
Visión, el Camino, las Herramientas y la Gestión. La Propuesta Educativa
parte, como telón de fondo, del Perfil Ideal del Alumno/a de los Colegios
Jesuitas (CE. 32, 82, 165 y 166). La Visión muestra el horizonte
y fundamenta los principios y valores Ignacianos que hacen posible el acto
educativo como algo novedoso y enriquecedor. El Camino es la forma
pedagógica para llevar al aula de clase los principios y valores ignacianos.
Las herramientas son los instrumentos personalizados que, de modo
activo y concreto, permiten compartir la Visión con los alumnos/as. La
Gestión permite que esta Propuesta Educativa se haga realidad en el día
a día, a partir del Liderazgo Ignaciano y un servicio de calidad.
Más de
dos mil instituciones, Colegios y Universidades, esparcidas en todo el
mundo, manifiestan la vitalidad de este Apostolado Educativo. Puede
resumirse su valor con las palabras de Ignacio quien en carta a Felipe II,
el 14 de Febrero de 1556, expresaba, “todo el bienestar de la
cristiandad y de todo el mundo depende de la educación conveniente de la
juventud” (Monumenta Paedagogica. 1:475).
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