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Significado de la Ascensión para el Señor, los discípulos y la Iglesia

  •   Domingo Mayo 13 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Pascua

Con la fiesta de la Ascensión, se cierra el ciclo que se había iniciado con la Encarnación, cuando el Hijo eterno del Padre se despoja de los atributos de la divinidad para asumir nuestra condición humana en todo, menos en el pecado. Por eso Jesús vivió la pobreza, la incomprensión, las acusaciones falsas, la traición, fue tentado, experimentó el dolor y fue condenado a muerte injustamente. La Ascensión es la culminación de ese ciclo.


Podemos profundizar en este misterio guiados por tres preguntas: ¿Qué significa la Ascensión para el Seños, para los apóstoles y discípulos, y para la Iglesia?

La respuesta a la primera pregunta: ¿Qué significa la Ascensión para el Señor?, nos la ofrece san Pablo en la Carta a los Efesios que acabamos de escuchar: “Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones y por encima de cualquier persona no solo del mundo actual sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies”. Estas elocuentes palabras de san Pablo nos explican el significado de la Ascensión para el Señor Jesús: es su exaltación como Señor del universo; es su glorificación. Lo que había comenzado con la Encarnación culmina con la Ascensión. Y empieza a escribirse un nuevo capítulo de la historia de la salvación.

Busquemos respuesta a la segunda pregunta: ¿Qué significa la Ascensión para los apóstoles y discípulos?

Tienen sentimientos encontrados. Por una parte, sienten una gran alegría al ver a su amado Maestro glorificado y que sube a los cielos; por otra parte, se sienten tristes porque ya no disfrutarán de su presencia física, no escucharán sus parábolas del Reino ni tendrán inolvidables conversaciones alrededor de una fogata al terminar una agotadora jornada apostólica.

Ha concluido el proceso de formación, que tuvo dos etapas: La primera de ellas fueron los tres años de la vida pública de Jesús; la segunda etapa fueron los cuarenta días con el Señor resucitado, donde recibieron las instrucciones finales. Ha terminado su ciclo como discípulos y ahora deben convertirse en maestros y orientadores de las nuevas comunidades.

Este cambio de roles genera desconcierto pues necesitan conectarse con la nueva situación para empezar a desarrollar su nueva agenda. Este fue el asunto que pusieron de relieve los dos hombres vestidos de blanco que les llamaron la atención: “Galileos, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.

Este tirón de orejas de los dos personajes vestidos de blanco sigue siendo válido para aquellos movimientos espirituales que tienden a desconectarse de la vida real. Hay personas que por dedicarse a las actividades apostólicas descuidan sus responsabilidades básicas como miembros de una familia. Esa no es la voluntad de Dios.

No podemos fomentar experiencias espirituales que nos lleven a evadir la realidad. La espiritualidad debe ser encarnada y generar compromisos concretos con la transformación del aquí y del ahora.

Exploremos ahora la tercera y última pregunta: ¿Qué significa la Ascensión del Señor para la Iglesia naciente?

A partir de la Ascensión del Señor y de Pentecostés, se abre una nueva etapa de la historia de la salvación, el tiempo de la Iglesia, donde el Espíritu Santo será quien acompañe a la comunidad de fe en su peregrinación hacia la Casa del Padre.

Los discípulos han recibido la misión de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. Carecen de una estructura organizacional o, como diríamos en el lenguaje de hoy, no tienen una logística. Las comunidades cristianas se irán forjando en las casas de familia de los recién bautizados. Allí leerán la Palabra de Dios, profundizarán en ella, harán oración y partirán el Pan.

El libro de los Hechos de los Apóstoles reproduce las catequesis de los Apóstoles, donde está la esencia del anuncio que debe predicar la Iglesia de todos los tiempos. Se trata de presentar la Persona y el mensaje de Jesucristo en su integridad, sin sesgos ideológicos.

Ahora bien, la fidelidad al mensaje o kerigma fundamental no puede identificarse con el inmovilismo o la repetición mecánica de unos enunciados. La Iglesia debe estar en discernimiento permanente; debe preguntarse cómo anunciar a Jesucristo en una cultura digital; debe analizar los enormes desafíos que plantean las inequidades económicas y el cambio climático que amenaza la vida en el planeta Tierra. No podemos vivir encerrados en una cápsula que nos aísle de los gozos, esperanzas y temores de la gente nuestro tiempo. Es necesario estar leyendo los signos de los tiempos. El Espíritu Santo, que procede del Padre y el Hijo, concederá a la Iglesia los dones que le permitan hacer este discernimiento.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical, en la cual hemos explorado tres puntos: ¿Que significa la Ascensión para el Señor Jesús?, ¿qué significa para los apóstoles y discípulos? y ¿qué significa para la naciente Iglesia? Podemos sintetizar así las respuestas que hemos encontrado:

Para Jesucristo, la Ascensión es la culminación del ciclo iniciado con la Encarnación, y significa su glorificación.

Para los apóstoles y discípulos, significa pasar de ser alumnos para convertirse en maestros y animadores de las comunidades.

Para la Iglesia, significa fidelidad al kerigma o anuncio fundamental, y discernimiento de los signos de los tiempos.