Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Descubramos la misión que nos ha sido confiada

  •   Domingo Julio 15 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Ordinario

Una de las situaciones más dramáticas de la existencia humana es carecer de una motivación para vivir. Produce un vacío infinito pensar que nadie nos necesita, que es lo mismo hacer o no hacer. La falta de un sentido de la vida y de un para qué luchar conduce a la depresión y empuja al suicidio.


Las lecturas de este domingo nos ofrecen unos elementos muy valiosos para que descubramos, como creyentes, que la vida es un regalo maravilloso y que Dios-amor nos ha llamado a la existencia para asignarnos una tarea. A pesar de nuestra insignificancia, somos importantes para Dios; por eso envió a su Hijo para que nos rescatara del pecado y de la muerte. Igualmente, somos importantes para nuestros hermanos y en el servicio a ellos encontraremos la felicidad.

Los textos bíblicos nos invitan a reflexionar sobre la misión que Dios nos ha confiado:

El profeta Amós nos cuenta el origen de su llamado al servicio profético.
En su Carta a los Efesios, el apóstol Pablo nos descubre todos los dones que Dios nos ha concedido, pues “Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos”.

El evangelista Marcos nos narra una experiencia apostólica que Jesús propone a sus apóstoles que estaban en proceso de formación.

En primer lugar, exploremos el testimonio de Amós. Al escuchar las duras palabras de Amasías, sacerdote de Betel, quien lo expulsa de su tierra, Amós hace una rápida recapitulación de su vida: no está desarrollando un proyecto de vida que él se haya propuesto, sino que está atendiendo el llamado que le hizo Dios: “Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo, Israel”.

Este breve testimonio de Amós contiene reflexiones muy profundas respecto al llamado que hace Dios para cumplir una misión:

Lo primero que queda en evidencia es que el llamado que hace Dios no tiene prerrequisitos de jerarquías sociales o de diplomas académicos. Amós es un campesino que cuida cabras y ovejas y cultiva higos. Estas competencias, escritas en una hoja de vida, muestran que sus capacidades laborales son muy elementales.

Sin embargo, el Señor le asigna una tarea muy delicada: ser un profeta, es decir, ayudar a la comunidad a descubrir el plan de Dios y ponerlo en práctica. Para ello, Amós no necesita conocimientos especiales sino una total disponibilidad para que Dios actúe a través de él. No es la palabra de Amós, un hombre ignorante, sino la Palabra de Dios la que será proclamada.

Este llamado de Dios cambia radicalmente el sentido de la vida de este hombre. Su vida estará al servicio de la Palabra y así transformará a quienes lo escuchen.

Pasemos ahora a la Carta a los Efesios. Allí san Pablo hace una reflexión muy profunda sobre lo que ha hecho Dios en nuestras vidas por medio de Jesucristo, el Señor. El punto de partida de esta historia del amor misericordioso de Dios es la voluntad salvífica del Padre; no hay otra explicación: “Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor”:

Para una persona que está triste y que cree que su vida no tiene sentido, este texto de las Carta a los Efesios ilumina su oscuridad. “Determinó, porque así lo quiso que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos”. Somos elegidos de Dios; esto nos saca del anonimato y nos convierte en hijos y coherederos con Cristo.

Sigamos explorando los horizontes teológicos que nos abre este texto de san Pablo. Esta elección ha significado para nosotros la liberación del pecado y de la muerte: “Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados”.

Además, por medio de Jesucristo, la Palabra encarnada, nos ha dado a conocer su plan de salvación: “Dándonos a conocer el misterio de su voluntad”. Gracias a Jesús, revelador del Padre, hemos podido asomarnos al misterio de Dios a través de su lenguaje sencillo, el de las parábolas inspiradas en las realidades de la vida diaria. Así, poco a poco, de manera pedagógica, nos fue descubriendo el amor misericordioso del Padre.

Y nos ha comunicado los dones del Espíritu Santo, quien será el guía de la Iglesia en su peregrinación: “En Él, también ustedes, después de escuchar la palabra de la verdad, el Evangelio de su salvación, han sido marcados con el Espíritu Santo prometido”.

La lectura de este texto de san Pablo nos descubre la alegría de vivir y nos libera del pesimismo. Al tomar conciencia de la elección que Dios ha hecho de nosotros, de nuestros labios solo puede salir una plegaria de acción de gracias y el deseo de responder a tanta generosidad.

Finalmente, el relato de Marcos refuerza este mensaje de ser llamados a cumplir una misión:
El escenario es muy sencillo: El Señor ha escogido a sus inmediatos colaboradores y los prepara para que puedan cumplir la misión de poner los cimientos de la Iglesia. Estando en ese proceso de formación, el Señor les propone algo que hoy llamaríamos trabajo de campo, y les organiza una salida apostólica para que se ensayen como futuros evangelizadores.

Antes de enviarlos de dos en dos, les da unas instrucciones muy precisas: sólo pueden llevar lo básico (bastón, sandalias y una sola túnica); nada más. ¿Cuál es el propósito de Jesús al dar esta orientación? La seguridad del misionero no debe apoyarse en los recursos de que disponga sino en la fe y confianza en el Señor. Nada más. Además, les dice cómo deben actuar ante las diferentes reacciones de la gente, unas veces de rechazo y otras de acogida.

Esta primera salida apostólica llena de entusiasmo a estos aprendices de evangelizadores. Los motiva a seguir adelante. Sienten que son útiles a la comunidad expulsando demonios, ungiendo con aceite a los enfermos y curando las dolencias físicas y espirituales.

Estas lecturas nos comunican un mensaje de optimismo: hemos sido escogidos por Dios para cumplir una misión. Aunque nos sintamos profundamente limitados por la falta de conocimientos o por las enfermedades o por cualquier otro motivo, siempre podremos sembrar semillas de amor, esperanza y paz. Dios nos ama. Dios nos llama. Dios desea que seamos felices y que encontremos nuestra ubicación en la vida.