Inauguración del Simposio sobre la Carta Encíclica Laudato Si´, sobre el cuidado de la casa común.


Hasta mayo de 2015, las palabras “laudato” y “laudato si ́” carecían de interés para la opinión pública. Solamente los especialistas en la literatura medieval y los conocedores de la espiritualidad franciscana reconocían en ellas las palabras con que empieza el maravilloso Canto de las criaturas, compuesto por San Francisco de Asís en el siglo XIII. En efecto, en la primera línea del conocido himno leemos: “Laudato si’, mi’ Signore’”, es decir, “Alabado seas, mi Señor”. Pues bien, con gran acierto, el Papa Francisco inició la Carta Encíclica que promulgó el 24 de mayo de 2015, con esa conocida frase y al hacerlo, bautizó con el “laudato si’” este importante y esperado documento “sobre el cuidado de la casa común”, dirigido “a cada persona que habita este planeta”, según lo advierte el propio pontífice.

Es en verdad muy grato para mí inaugurar hoy el Simposio Javeriano sobre esta Encíclica del Papa Francisco, que tanto interés ha despertado, no sólo en los medios de comunicación, sino también en el ámbito académico, en el político y económico, lo mismo que en el empresarial. El Santo Padre espera, según lo advierte él en el texto del documento, que esta Carta Encíclica “nos ayude a reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta” (n. 15). Ciertamente el llamado del Papa Francisco ha puesto de nuevo sobre la mesa y con un renovado vigor, uno de los temas de mayor trascendencia en la actualidad, que resulta relevante para creyentes y no creyentes.

Con la organización de este Simposio, nuestra Universidad ha querido responder de manera concreta a la solicitud del Santo Padre, promover una reflexión acerca del texto de la Encíclica y del impacto que los planteamientos contenidos en ella pueden tener en el contexto colombiano, particularmente con referencia a la paz y al desarrollo sostenible integral.

Agradezco a todos su presencia y la respuesta entusiasta que han dado a esta convocatoria. Expreso de manera especial nuestra gratitud al grupo de expertos que aceptaron hacer parte del Comité Asesor del Simposio, y por supuesto, a los expositores y panelistas que intervendrán en este primer Seminario, dedicado a “una lectura de la Encíclica desde la Economía”. De manera particular saludo al Profesor Thomas Sterner, quien ha venido de Europa para acompañarnos en esta jornada, en la cual abordará la temática señalada, en compañía de un grupo muy selecto de expertos, entre ellos el Viceministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, Ingeniero Pablo Vieira Samper, y el ex Ministro Manuel Rodríguez Becerra. A todos ellos nuestro sincero agradecimiento.

Antes de proceder al desarrollo de la agenda académica prevista, permítanme compartir con Ustedes algunas consideraciones de orden general sobre la Encíclica del Papa Francisco.

En primer lugar quisiera destacar la expresión ‘casa común’ que en su gran simplicidad envía un poderoso mensaje a todos los hombres y mujeres que viven en condiciones tan diversas y muy distintos escenarios de la tierra. El Papa nos recuerda que se trata de una ‘casa’, palabra de hondo significado para el ser humano, porque hace referencia al lugar donde la persona despierta cada día, rodeado de los suyos, donde empieza su jornada y retoma la lucha por hacer realidad sus sueños y los de sus seres queridos; el lugar donde se guardan las provisiones y los enseres, nuestras cosas y recuerdos, y donde encontramos el sitio adecuado para descansar en la noche. La casa es algo entrañable, da sustento a la vida y pone en evidencia nuestra identidad y patrimonio.

Ahora bien, cuando cambiamos de escala, -ejercicio que no solo nos han facilitado desde los años 70 los viajes espaciales con sus extraordinarias fotos del planeta, sino también, la tecnología que a partir de la vista de un lugar determinado nos permite alzar el vuelo, contemplar países, continentes y todo el globo-; cuando hacemos esto, tomamos conciencia una vez más de esta diminuta y fantástica nave, llamada tierra, que viaja por el universo con una trayectoria que desafía nuestra comprensión y que ninguno de nosotros puede alterar. Esa es nuestra casa, la de la Humanidad, la que compartimos, ‘la casa común’, donde todos nos hallamos a bordo.

Aquí cobra toda su relevancia el adjetivo ‘común’, que hace referencia a factores que crean unidad y, por lo tanto, hacen posible la conformación de grupos de personas que al compartir condiciones, intereses e ideales, forman una verdadera comunidad. En este contexto, se presenta la gran paradoja de la Humanidad, porque si bien es inobjetable que a todos nos afecta lo bueno o lo malo que suceda en el planeta, las divisiones son profundas y los enfrentamientos entre sus habitantes, lejos de facilitar la solución de los problemas, los agravan.

El llamado del Papa Francisco a la unidad es muy claro y se apoya en una frase de la obra El ocaso de la Edad Moderna, escrita por Romano Guardini en 1950, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial. Advierte este reconocido autor que “si no queremos contemplar los acontecimientos de los últimos siglos únicamente como pasos hacia la decadencia, tenemos que descubrir en ellos un sentido positivo. Este sentido consiste en la tarea que ineludiblemente nos ha sido encomendada de dominar el mundo”. Es entonces cuando hace la propuesta que el Santo Padre ha recogido en la Encíclica. Dice Guardini: “Las exigencias de esta tarea van a ser tan enormes, que no hay forma de satisfacerlas con las posibilidades de la iniciativa individual y de la unión de particulares formados en el individualismo. Se requerirán una reunión de fuerzas y una unidad de realización” (n. 219)

Otro aspecto de la Encíclica sobre el que quisiera llamar la atención, y que constituye uno de los aportes más significativos del Papa, es la concepción de ecología integral, a la que dedicó el capítulo cuarto, desarrollado luego de un amplio y detenido análisis acerca de “lo que le está pasando a nuestra casa”, del controvertido “paradigma tecnocrático” que se ha instalado en la cultura actual, y de “la raíz humana de la crisis ecológica”.

El Papa señala tres perspectivas para formular sus planteamientos. La primera de ellas es la Ecología ambiental, económica y social. En este aparte, el Santo Padre, luego de advertir que “las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad”, nos ofrece una de las ideas centrales de este documento: “Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (n. 139). Concluye el Papa que “hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente” (n.141).

La segunda perspectiva que asume el Papa es la Ecología cultural, que hace referencia al “patrimonio histórico, artístico y cultural”, que “es parte de la identidad común de un lugar y base para construir una ciudad habitable” (n. 143). A su juicio, este patrimonio está tan amenazado como el patrimonio natural. Finalmente, el Santo Padre nos habla de la Ecología de la vida cotidiana o de la Ecología humana. En este aparte, el Papa centra su atención en la calidad de vida y “el espacio donde transcurre la existencia de las personas” (n. 147). Como podemos apreciar, el Santo Padre trata de cubrir todos los aspectos implicados de alguna manera en la Ecología, un concepto que se reduce si se limita solamente al entorno físico.

Un tercer aspecto que quisiera destacar en el texto del Santo Padre, tiene que ver con el verbo cuidar, que utiliza en el subtítulo de la Encíclica, “el cuidado de la casa común”. En la vida, ¿qué es lo que uno cuida? Pues lo que tiene valor, lo que reviste un significado especial para cada uno de nosotros, lo que apreciamos; también lo que es vulnerable y corre peligro. Cuidar equivale a proteger y prevenir; se cuida cuando se procura el alimento y se atienden necesidades; así mismo, cuidar significa sanar y restaurar. En este contexto, el cuidado, que es igualmente una expresión de la responsabilidad asumida en el presente, que guarda relación con una herencia recibida y un legado que hemos de dejar, nos lleva fuera de nosotros mismos, de nuestros intereses y preocupaciones, para pensar en los demás y en lo que nos rodea. ¡El cuidado nos hace profundamente solidarios!

Al respecto, cabe recordar que el Santo Padre señala a Francisco de Asís como “el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad” (n. 10). Por otra parte, en el capítulo sobre el Evangelio de la Creación, el Papa Francisco, al referirse a “la sabiduría de los relatos bíblicos... cargados de profundo simbolismo”, advierte cómo en ellos “ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (n. 70).

La Universidad Javeriana está tomando muy en serio las orientaciones de la Encíclica, al incluir el concepto de ecología integral en su Visión 2021, así como el cuidado de la casa común como una de las dimensiones que debe trabajar para lograr la excelencia, expresado así en una de sus megas.

Estos postulados de la planeación los materializaremos a través de un programa institucional que hemos denominado “sostenibilidad integral” y que busca incorporar en todas las actividades académicas, del medio universitario y administrativas, y en general en nuestra cultura institucional, la perspectiva de la ecología integral y del desarrollo sostenible. Este programa institucional será impulsado por los Vicerrectores y tendrá importantes contribuciones de cada una de las Facultades

La Encíclica del Papa Francisco hace una contribución muy importante para una lectura interdisciplinaria y transdisciplinaria de la compleja realidad en que vivimos. Nos explica por qué no es posible quedarnos en una interpretación segmentada de la realidad pues todo está relacionado con todo. Que esta visión integradora se haga presente en nuestros currículos de pregrado y posgrado, de manera que los egresados javerianos contribuyan a una visión diferente del desarrollo, pues quienes formulan las políticas públicas no creen necesario dialogar con expertos de otros saberes y disciplinas, y toman decisiones unilaterales que pueden tener consecuencias imprevisibles.

Señoras y señores: con este Simposio queremos atender el llamado que el Papa Francisco nos ha hecho a todos en un documento trascendental, rico en planteamientos y propuestas, en un momento en que, como lo señala el Santo Padre, “la gente ya no parece creer en un futuro feliz, no confía ciegamente en un mañana mejor a partir de las condiciones actuales del mundo y de las capacidades técnicas” (n. 113). Su invitación, que acogemos con todo entusiasmo, es a no resignarnos ni renunciar “a preguntarnos por los fines y por el sentido de todo”.

Con este espíritu, teniendo clara nuestra responsabilidad como académicos y los recursos que están en nuestras manos, iniciemos el trabajo del Simposio. Que la unión de esfuerzos y voluntades en este Seminario, este primer paso, nos permita ayudar a corregir el rumbo de la Humanidad que viaja a bordo del planeta tierra, para que todos podamos exclamar con gozo: Laudato si’, mi’ Signore.

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