Mi guitarra y yo

Relato de vida: Sebastián Rodríguez


Era un 15 de noviembre de 1941, el día que llegué a este mundo, un hermoso día lleno de música, sonrisas y mucha alegría. El sonar de la guitarra armonizaba mi llegada a este mundo, lleno de cantos y melodías sentidas por mi pequeño cuerpo, que tocaba este mundo por primera vez. Mi delicado cuerpo sentía la armonía de las notas de esa guitarra que sonaba y sonada todas las mañanas.

Tan...taran...taran...taran, era así como sonaba, lo recuerdo como si fuera hace poco tiempo. Solo se que desde ese instante mi cuerpo me llamaba a coger y tocar la guitarra, creciendo con una extraña pero agradable sensación que me hacía sentir el sonar de las notas. Sentía como si mi corazón se moviese solo y todos mis sentidos se direccionaran hacia su sonar, encaminándome a que un día yo buscara los implementos para que con mis manos ansiosas por sentir cada cuerda, pudiera construir mi propia guitarra. Fue ese el maravilloso día cuando tenia nueve años que empecé este camino de mi vida junto a ella, mi primera guitarra. Siempre buscaba un tiempo para hacerla sonar, para transportarme a ese mundo de sensaciones indescriptibles que me hacia sentir con solo tenerla en mis brazos. Yo solo, sin la ayuda de nadie comencé a tocarla, los días que podía me sentaba y la hacia sonar. No se si sonaba feo o bonito, yo solo seguía y seguía intentando. Así fue que aprendí y con mis ganas de sentirla pude lograrlo. Pasé tiempos largos, difíciles y alegres con mi guitarra... pero fue ese amargo día, la primera vez que tuve que dejarla, la primera vez en mi vida que me separe de ella. Fue ese 30 de octubre del 2013 cuando yo vivía en Satinga, Nariño, el día que me tocó desplazarme a causa de la violencia de este país. Recuerdo que fue un día lleno de sentimientos de tristeza y rabia; sentir que una parte de ti queda en ese lugar, que no quieres irte, pero te toca... que algo muy importante para ti se queda, si... se queda guardada en ese lugar de siempre y pensar que todo el esfuerzo que te costó tenerla se perdió rápidamente.

Así empecé mis días en Buenaventura sin mi guitarra, buscando con ahorros conseguir una nueva. Y así fue... pasó un tiempo largo hasta que pude conseguirla de nuevo. Ese día me sentía otro, era nuevamente el mismo Sebastián Rodríguez que tocaba y cantaba con alegría todos los días. El que se levanta con una sonrisa y se acuesta con la misma alegría con la que se despertó. He podido enamorar algunas mujeres con esta energía que me caracteriza y el sonar de mi guitarra, entre esas la mujer con la que estoy hoy en día, Nicolasa... con la que juntos decidimos casarnos hace pocos años. Con ella continúo mi camino, juntos dándonos fuerzas para seguir adelante, como lo hemos hecho durante todo este tiempo, con esa fortaleza interior que tenemos para estar hoy contándoles una parte de mi vida, para que ustedes que leen esto, conozcan al guitarrista alegre y soñador.

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