Nuestra Misión en América Latina y el Caribe

En nuestro discernimiento constatamos que la realidad actual resulta tan compleja que se resiste a cualquier intento de interpretación exhaustiva. Al mismo tiempo, percibimos algunas mega-tendencias que reclaman nuevas presencias, servicios y compromisos. Hay realidades que nos llenan de esperanza, pero también nos preocupan las situaciones que hieren el alma latinoamericana. Señalamos algunos horizontes que constituyen verdaderas fronteras y se convierten en desafíos apostólicos actuales.


Desde una perspectiva social constatamos que, en medio del progreso experimentado por muchos de nuestros países, los beneficios no llegan de manera equitativa a toda la ciudadanía y aumenta cada vez más la brecha entre ricos y pobres; todo ello en un proceso de globalización que promueve la inequidad y el irrespeto a las identidades culturales. Nos preocupa la falta de cohesión entre nuestros países, carentes de un sueño común de integración solidaria; la ausencia de una seria preocupación por el medio ambiente; el gasto desproporcionado en armamentos. El número de refugiados y de migrantes, convertidos en una población anónima, se incrementa cada día más; la pobreza y la marginación se concentran de forma dramática en los pueblos indígenas y afroamericanos; el flagelo de la droga destruye miles de vidas y se erige como un poder incontrolable en algunas sociedades; la inseguridad ciudadana crece en medio de una delincuencia cada vez más agresiva, fruto de la inequidad urbana, la falta de adecuadas políticas sociales y el aumento del narcotráfico; la corrupción, a nivel de lo privado y de lo público, resulta cada vez más escandalosa y descarada.

Por otra parte, desde la vida de los pueblos surgen iniciativas y movimientos, que reflejan el crecimiento de una sociedad civil que se va organizando según los intereses de los grupos marginados: la autoafirmación del mundo indígena y las poblaciones afroamericanas, el debilitamiento del machismo y el fortalecimiento de la autoestima de la mujer, la creciente conciencia sobre el derecho de los pueblos a exigir de sus autoridades la transparencia de su gestión, y la búsqueda de nuevos caminos de integración latinoamericana.

Considerando que la juventud constituye la población mayoritaria del continente, nos encontramos con toda una generación que ha presenciado y sufrido el debilitamiento de las instituciones sociales, que anteriormente aseguraban mayor cohesión social y mayor sentido para la vida. Esto provoca, en algunos, desconfianza hacia los procesos sociales y hace más evidente la carencia de alternativas a los mecanismos masivos que inducen al escape y al consumismo. Por otra parte, constatamos que la juventud, aun con expresiones ambivalentes y contradictorias, ofrece grandes posibilidades para la construcción de una sociedad más humana. Valoramos, asimismo, su hondo aprecio por la libertad y la verdad, su capacidad para cuestionar lo establecido, su notable facilidad para acoger la diversidad, su aprecio por las relaciones interpersonales y su concreta disposición a la solidaridad.

A nivel cultural constatamos que, en el seno de la globalización, se propagan ideas y concepciones sobre la felicidad, en códigos tan atrayentes como seductores, que distan mucho de la dignidad humana tal y como la entendemos a la luz de la persona de Jesucristo; concepciones que acaban por incrementar la injusticia y van minando el humus en el que brota la fe de las personas y los pueblos.

Notamos tendencias culturales y sociales que nos distancian de los otros y banalizan la interioridad de los seres humanos: el individualismo sutilmente asocial, el estilo de vida acelerado que no deja tiempo para el cuidado de la propia interioridad, el hedonismo que establece el placer inmediato como único criterio de actuación, el consumo como medida de reconocimiento personal y social, el rechazo al otro diferente, la confusión entre lo virtual y lo real, y la soledad personal en medio de un mundo técnica y altamente comunicado.

A pesar de ello, las nuevas tecnologías de la conectividad ofrecen una oportunidad única de comunicación, superando las barreras del espacio físico. También observamos una más intensa búsqueda de sentido, una creciente apertura a lo espiritual, un anhelo de mayor contacto con la propia interioridad y una mayor capacidad de construir la unidad asumiendo la diversidad.

Desde una mirada eclesial reconocemos una sociedad con menos referentes cristianos, lo que ha significado un creciente alejamiento de las Iglesias históricas y el surgimiento de una amplia diversidad de ofertas religiosas marcadas por lo masivo, lo esotérico, lo privado y lo terapéutico. Nuestra Iglesia, al igual que otras instituciones, atraviesa una crisis de credibilidad en la sociedad, agravada por algunas conductas delictivas que escandalizan a los fieles y que, por su cobertura mediática, son ocasión de mayor descrédito. Al interior de la Iglesia, en un contexto cada vez más plural, algunos sectores tienen la tentación de acudir a mecanismos de exclusión, intolerancia y autoritarismo.

Con todo, nos consuela la creciente búsqueda de una espiritualidad relacionada con la vida cotidiana, el mayor protagonismo del laicado en la Iglesia, la demanda de los Ejercicios Espirituales en diferentes modalidades y la consolidación de la experiencia de fe más por opción que por tradición.

En este contexto, en que se enmarcan nuestra identidad y misión, se nos van develando nuevas fronteras que reclaman de nuestra parte respuestas decididas y profundas.

Las fronteras son dinamismos complejos y profundos en los que se juega, de una u otra manera, el futuro de los pueblos y de la condición humana en general. Preguntarnos por las “nuevas fronteras apostólicas” pertenece a la esencia de nuestra vocación y, por tanto, es un imperativo ineludible para una planificación que pretende hacerse en “fidelidad creativa” a la misión de la Compañía. Luego de un largo y rico discernimiento, estamos convencidos de que las fronteras de nuestra vida apostólica en América Latina y el Caribe hoy son: Exclusión, Juventud y Dialogo fe y culturas.